María Elena Mizrahi es educadora, trabaja en el Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) desde 1987 y es directora del Sipiav (Sistema Integral de Protección a la Infancia y la Adolescencia contra la Violencia) desde su creación, en 2007.
Mizrahi explicó en No toquen nada que si bien el cargo no es designado “por confianza” política sino que es técnico, el nuevo gobierno podría haberla removido.
El Sipiav, que está en la órbita del INAU, tiene el cometido de “prevenir, atender y reparar las situaciones de violencia hacia niñas, niños y adolescentes mediante un abordaje integral e interinstitucional”.
Mizrahi explicó que un tema clave para llevar adelante este cometido fue la ley 19.747 de 2019, que le da carácter permanente al Sipiav e introduce algunos cambios en el Código de la Niñez y la Adolescencia.
“Esta ley asegura otras cosas. El Código de la Niñez y la Adolescencia había dejado de lado toda la parte de la violencia intrafamiliar. La ley da garantías a los niños, habla de la credibilidad de la palabra de los niños, del lugar de los abogados defensores, da una serie de pautas y enmarca los derechos y la protección de los niños que sufren violencia. Para nosotros es un salto cualitativo. La Ley Integral de Violencia de Género, la 19.580, daba pautas pero nosotros necesitábamos específicamente que en el Código de la Niñez y la Adolescencia estuvieran asentados esos conceptos”, dijo.
También fue clave coordinar el trabajo de todas las instituciones que se ocupan de estos temas junto al Sipiav: Ministerio de Desarrollo Social, Administración Nacional de Educación Pública, Ministerio de Salud Pública, Ministerio del Interior y Fiscalía General de la Nación.
“Vimos que todas las instituciones transitábamos por la vida de los niños de forma totalmente descoordinada, revictimizábamos a los niños, les preguntábamos lo mismo. A partir de ahí dijimos de empezar a coordinar estrategias. Ese fue como el primer Sipiav. Nosotros tenemos también organizaciones no gubernamentales que trabajan en la atención en convenio con INAU en situaciones de violencia. Formamos un comité nacional que desde 2007, el segundo martes de cada mes, se ha reunido”, explicó.
Desde entonces las situaciones se preserntan en esa mesa y las instituciones ven qué va a hacer cada una en forma coordinada con el resto.
Mizrahi contó que las denuncias de maltrato hacia niños, niñas y adolescentes llegan por los centros de salud, los centros educativos, los CAIF, y por eso es importante capacitar a quienes trabajan en esos lugares para que puedan detectar las situaciones de abuso y sepan cómo proceder.
Dijo que es mucho mejor que los casos lleguen por ese medio que a través de la línea azul (0800 5050), porque en esa línea se realizan denuncias anónimas que implican intervenir en una casa y no trabajar con la institución que detectó el abuso.
El Sipiav hace un informe todos los años con datos de las situaciones de maltrato detectadas.
Mizrahi dijo que pensaron que iba a haber un subregistro de casos, por la pandemia, pero atendieron más situaciones de violencia que los años anteriores: 4.911. En 2019 fueron 4.774 situaciones y en 2018 fueron 4.131.
Mizrahi habló de la idea difundida de que las situaciones de maltrato se dan más en sectores vulnerables.
“Los sectores más vulnerables tienen más presencia del Estado porque necesitan de él por sus propias carencias. Nosotros recibimos bastantes consultas de colegios privados, por ejemplo. Obviamente que las demandas de los sectores medios o medioaltos, son diferentes con respecto al tema de la violencia porque tienen otro soporte socioeconómico y pueden resolver el conflicto por ejemplo con apoyos terapéuticos propios. Lo que sí consultan mucho son los abogados que entienden en la temática y apoyen a estas familias”, afirmó.
“Las situaciones abusivas se dan en todos los sectores”, agregó.
El tipo de maltrato más frecuente fue el emocional (34%). Lo sigue negligencia con el 26%, maltrato físico y abuso sexual con 19% cada uno y explotación sexual con un 2%.
Mizrahi explicó que estas categorías quizás no son las más felices y que responden a las tipificaciones de la ley. Son relativas porque el maltrato físico siempre implica maltrato emocional.