"Si no dialogo con la recepción contemporánea estoy en el horno"

“Yo no puedo vivir solo de hacer teatro”, confesó Mariana Percovich. Sin embargo, tiene años de experiencia en teatro y acumula 24 obras dirigidas. Los escenarios no convencionales son un sello en su trabajo y Proyecto Felisberto es una muestra de ello. Una obra que invita al espectador a armar su propia historia y formar parte de la ficción.

Actualizado: 21 de marzo de 2014 —  Por: Redacción 180

"Si no dialogo con la recepción contemporánea estoy en el horno"

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Con base en un informe de Nausícaa Palomeque, de No toquen nada.

Percovich se fue acercando a la dirección de teatro de a poco. Primero estudió profesorado de literatura en el IPA y se especializó en los textos dramáticos. Hacía crítica teatral y daba clases de teatro. Estuvo como editora de la sección de Cultura del semanario Búsqueda y desde entonces dirigió 24 obras de teatro. Sin embargo, nunca vivió de la recaudación de boletería.

“Con la plata que tenía ahorrada sobreviví, con ayuda de mucha gente sobreviví. Estrené mi primer espectáculo y ahí empezó una carrera que no paró. Por supuesto, yo no puedo vivir solo de hacer teatro y de la boletería, siempre tuve trabajos afines al teatro, docencia, cursos, talleres, me contrataban en el exterior para dirigir una obra, me contrataba la Comedia Nacional, juntaba la plata. Con eso sobrevivía y me iba arreglando como podía”, contó la directora de teatro.

En 2004 se ganó un concurso de la Escuela municipal de arte dramático y desde entonces su principal fuente de ingresos fueron los cargos de gestión.

En 2013 asume la dirección de la obra Proyecto Felisberto, una propuesta bastante inusual para el teatro de Montevideo; que tiene como sede la casona Periscopio, en Jackson y Durazno.

El espectador compra una entrada, recibe un abanico y durante una hora recorre distintas habitaciones, en las que suceden escenas y recreaciones de cuentos del escritor uruguayo Felisberto Hernández.

Para Percovich la búsqueda de escenarios no convencionales es un sello en su obra. Un gusto que heredó de su padre, un periodista que le hacía la prensa al Teatro El Galpón, y que de chica solía pasearla por Montevideo.

“A mi padre le gustaba muchísimo sacarnos de paseo a ver la ciudad, a recorrer edificios, por ejemplo, la Estación Colón, donde después hice un espectáculo. La conocí porque mi padre nos llevaba de paseo en tren a Colón. Mi viejo, con sus hijos que eran de dos matrimonios, los fines de semana de padre divorciado nos llevaba a lugares de la ciudad. No debería tener un mango mi viejo, pero era muy divertido lo que hacía con nosotros”, recordó Percovich.

En el caso de Felisberto estuvo varios meses buscando una casa adecuada para montar la obra. Mientras tanto, ensayaban en su apartamento y buscaban fondos para financiar el proyecto.

“¿Dónde voy a ensayar escenas de cama? Entonces venían todos y ensayaban en mi dormitorio, no tenía otra. Y mientras estaban ensayando en el dormitorio tenía otra escena de las longevas imaginándonos que acá estaba el piano. No tenía otra forma de ensayar que en la casa de alguien, cuatro horas de espectáculo, fue una demencia”, aseguró Percovich.

La obra fue financiada por el Fondo para el Fortalecimiento para las Artes, de la Intendencia de Montevideo, el Sindicato de Actores y la Cooperativa Valorarte. Cuenta con un fondo de 1.200.000 pesos que permite sostener la obra por tres meses.

Si cambia el recorrido, cambia el relato.

En Proyecto Felisberto, Percovich apostó por las escenas simultáneas y relatos múltiples. Propone un juego que permite al espectador variar su recorrido por la casa, ya que hay tres actos colectivos a los cuales debe asistirse obligatoriamente y luego 12 escenas privadas en las que puede decidir qué historia querrá ver.

Un escritor que deambula atormentado por sus recuerdos y sus creaciones, personas que van y vienen, muñecas con máscaras y hasta un animal embalsamado, habitan las distintas escenas.

“Montamos casi cuatro horas de espectáculo y vos ves una hora y 15 minutos. Por lo tanto, hay para hacer combinaciones no infinitas, pero muchas. Una variante ya te cambia la combinatoria. Con gente que se me pone muy ansiosa y me dice yo quiero ver todo, yo le digo que no está pensado para ver todo. La gracia para mí es que vos sepas que en ese momento está ocurriendo algo que vos no ves”, aseguró Percovich.

Al ingresar en la casa y empezar a recorrer las distintas habitaciones el espectador se incorpora como parte de la ficción.

“Es como un momento absolutamente mágico donde te metés en un universo y hacés un viaje. Entrás en un mundo 3D, tenés que entrar a la ficción y sos parte de esa ficción, dándole mucha autonomía a la mirada de la gente y a la posibilidad de que tu cabeza sea como una isla de edición donde vos elijas el enfoque, lo que mirar y lo que editar”, manifestó Percovich.

La directora entiende que esa la forma acertada de conectar con el espectador de hoy en día.

“Me parece que eso tiene que ver con el mundo contemporáneo, con el hipertexto, con las ventanas de internet, con los dispositivos que usamos, si yo tengo la computadora, la tablet y el celular, y todo se me conecta; esa conformación cerebral del espectador, las ventanas de los televisores nuevos, que vos podés tener abierto el partido de fútbol y en un costadito la serie que está terminando, eso es el espectador contemporáneo. Y el teatro tiene que ir acompañando los cambios de la recepción. Si yo no dialogo con la recepción contemporánea estoy en el horno”, confesó Percovich.

En la obra trabajan 33 personas, entre actores, productores, asistentes, maquillaje y músicos. La propuesta gira en torno a textos y personajes de Felisberto Hernández y los textos fueron recreados por los dramaturgos Gabriel Calderón, Luciana Lagisquet, Santiago Sanguinetti y Alejandro Gayvoronsky. La música es de Fernando Cabrera.

El espectáculo se exhibe de jueves a domingo hasta el 30 de marzo. Las entradas cuestan $350 y deben coordinarse escribiendo a: proyectofelisberto2013@gmail.com.