Un título de película

Con tres goles de Antonio Pacheco y una actuación sobresaliente del equipo, Peñarol derrotó 3 a 1 a Defensor y se quedó con el título de campeón Uruguayo. Fue una noche digna de un argumento de película. Escuchá lo mejor de Peñarol campeón en Fútbol por 180.

Actualizado: 05 de junio de 2013 —  Por: Diego Muñoz

Un título de película

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No es un guión de Hollywood. Aunque lo parezca. El muchacho debuta un día en el club del que es hincha y al que llegó siendo un niño. Tiene calidad, hace goles en partidos decisivos y se vuelve ídolo de la hinchada. Parte a Europa para seguir su carrera pero vuelve en el peor momento, cuando los colores que ama necesitan de su ayuda. Saca la cara, pone el pecho, carga con las malas campañas. Hasta que un día, ese club al que le dio todo lo echa de la peor manera.

El muchacho se va por la puerta de atrás a jugar a otro cuadro. Y un día vuelve al Estadio a enfrentar a su camiseta de toda la vida. Lo reciben miles que no lo olvidan. Se conmueve. Llora. Juega el partido más difícil de su vida.

Al poco tiempo los mismos que lo habían echado, presionados por los hinchas, le ofrecen retornar. Y él vuelve. Por los colores, por la gente, por sentir ese escudo en su pecho. Vuelve. Aunque no se olvida de lo que le hicieron.

El día del rencuentro con su gente se fractura. Parece que los sueños se hacen añicos, que las ilusiones se destruyen. Pero vuelve una vez más. Rebelde, erguido, valiente.

La historia termina como terminan las ficciones preparadas por Hollywood para facturar millones. Esas que, sentado en el cine con pop y refresco, son inverosímiles. Majestuoso, el muchacho juega la final y hace los tres goles para que su equipo sea campeón.

Primer gol de Pacheco en Fútbol por 180

Segundo gol de Pacheco en Fútbol por 180

Tercer gol de Pacheco en Fútbol por 180

Al catálogo de jornadas memorables de Pacheco con Peñarol le faltaba este capítulo. Otra marca con tinta indeleble entre el jugador y la hinchada para afianzar aún más, si es que se puede, el mutuo amor que se tienen.

No se trata de un título cualquiera el que ganó el carbonero ante Defensor sino que tiene el mérito de haberlo conseguido de manera categórica. En una final que Peñarol jugó sin apremios ni agobios, con más seguridad que necesidad y en la que apeló al fútbol para destruir a su adversario.

Los equipos con historia están obligados a defender su jerarquía en los momentos más exigentes. Peñarol lo hizo. Lapidario 3 a 0 ante Nacional para ahuyentar fantasmas y sacar a su clásico rival del medio. Categórico 3 a 1 sobre Defensor para festejar un título en una noche de película.

El aurinegro no tuvo clemencia con su rival. Una vez que se reconoció ante el espejo en los últimos dos partidos del Clausura se dio cuenta quién era. Y qué podía hacer. Asumió el riesgo de retar a Defensor con su mejor versión de juego.

Tiene más repertorio en ataque Peñarol, tanto por dentro como por fuera, en corto o en largo, en el juego asociado o en la inspiración personal. En la final lo demostró desde el inicio.

El primer gol de Pacheco a los 26 fue consecuencia de una superioridad evidente. El carbonero jugaba mejor que Defensor y lo superaba en todos los rubros.

El 1 a 0 solo aumentó la brecha. Perdido, indolente, abatido, Defensor deambulaba por el campo mientras Peñarol triangulaba, abría la cancha, generaba peligro.

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Los titulares del campeón (Adhoc ©Javier Calvelo)

A los 37 llegó un penal bien cobrado que Pacheco transformó en el 2 a 0.

Lejos de conformarse, en el segundo tiempo Peñarol mostró jugadas de lujo. “Es el Borussia Dortmund”, gritaba alguno en el Estadio mientras otros se agarraban la cabeza. Todos cantaban “ole, ole, ole”.

Martín Campaña evitó un par de goles cantados ante Fabián Estoyanoff. Pero no pudo resistir al gatillo de Pacheco que definió para el 3 a 0.

Sobre el final llegó el descuento de Damián Luna.

Peñarol es el campeón porque respondió en circunstancias límites, porque su técnico entendió a tiempo que la credibilidad no se gana con declaraciones sino con alineaciones y porque en tiempos de equipos planificados con fichajes que vienen y se van en 90 días el sentido de pertenencia de Darío, Pacheco, Estoyanoff y Zalayeta le dio un plus.

Ya tiene Peñarol la copa del Uruguayo. Se la ganó en una final que jugó con la cabeza y los pies. Y en la que Pacheco demostró que no todas los guiones para Hollywood son ficción.

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(Adhoc Javier Calvelo)

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El Tony y el Lolo, símbolos del triunfo (Adhoc ©Javier Calvelo)