Llega de bermudas, remera y zapatos a medio poner. Luce cansado. “Me acosté cuatro horas después del partido y dormí 36 horas seguidas”, confirma. Pero la felicidad disimula el cansancio. “Estoy muy contento de que haya terminado como terminó”.
Todavía con la barba que se dejó por cábala y que se va a sacar porque se lo pide su pequeña hija Josefina, pide un cortado. La moza que se lo alcanza le dice que el señor de otra mesa quiere saludarlo. Leandro se levanta y camina hacia allí.
Cuando vuelve se dispone a hablar. Dice que la propuesta económica de Aguada fue la que más lo sedujo y que firmó porque “el que no apuesta no gana”, reconoce que cuando se negó a compartir la cancha con Pruitt le pasó por arriba al técnico y a los dirigentes. “Lo hice porque hay cosas que van más allá de una cancha de básquetbol y yo no tolero. Nos faltó el respeto a todos”, recuerda. Niega que los jueces le piten faltas porque es él. “Seguro que no me miman. En otras ligas a los referentes no le podés pasar ni cerca y a mí me pegan todos”, sentencia.
El mejor jugador del básquet uruguayo habla con 180 y dice lo que piensa. Sin casete.
¿Cómo terminaste?
Cansado pero muy feliz. Para nosotros lo físico fue muy difícil.
¿Dónde estuvo la clave?
Mentalmente superamos a Defensor en el sexto juego porque ellos luego de ganarnos el quinto se pensaron que nos habían quebrado, que estábamos muertos. Luego, en el séptimo partido, cuando quedan 40 minutos y el que gana pasa ya no hay estadística, no hay preparación, no hay nada. Ahí define la forma en la que el jugador encara el partido y reacciona ante él. En ese séptimo partido sabía que teníamos ventaja porque éramos un poco más experientes.
Vos decís que los superaron mentalmente en el sexto juego. ¿Cómo lo hicieron?
Primero que nada recuperamos el físico lo mejor posible y luego ajustamos un par de cosas desde el punto de vista táctico. Fuimos con eso al sexto partido sabiendo que podíamos ganarlo y lo conseguimos a pesar de que el partido salió peleado y feo. Cuando lo resolvimos mantuvimos esos detalles para el séptimo, sabiendo además que teníamos una experiencia mayor.
¿Te llamó la atención que en el séptimo juego Sporting convirtiera tan poco en el último cuarto?
En el momento no me di cuenta pero luego repasé el partido y lo vi. Ellos arrancan bien en el segundo tiempo, nos sacan seis puntos y yo pensé que se complicaba mucho porque no estábamos físicamente como para correrlos de atrás y además teníamos a Pablo Morales con tres faltas. Salimos al último cuarto parejos y ahí Pablo (Morales) pone un triple, Hamilton erra la hundida, me hacen una falta de tres a mí y agarramos un poco de aire que luego aprovechamos muy bien.
¿El cruce Hebraica – Malvín les allanó el camino?
Claro, siempre es mejor tener que ganarle a uno de los candidatos que a los dos. Y a nosotros se nos fue dando además porque Bohemios sacó a Unión Atlética. Por algo Unión fue el número uno y Defensor el quinto. Cuando te ponés a pensar termina siendo decisivo el partido que le ganamos a Hebraica en la temporada regular que lo llevó a eliminarse con Malvín.
Ese partido vos casi no lo jugás porque en el anterior, contra Bohemios, tomaste la decisión de no entrar si Shaun Pruitt estaba en la cancha.
Fue un lío puntual con un jugador que no quería estar. A mí hay pocas cosas que me molestan de mis compañeros pero no tolero que le falten el respeto al laburo. Y lamentablemente pasé por arriba de mi entrenador y de la dirigencia. Son cosas que no deben pasar obviamente pero en el momento no lo toleré.
¿Cómo fue la historia?
Era un tema que estaba conversado desde antes. Si él entraba yo no. Traté de no tener que hacer una escena ni un circo como el que se armó pero no se pudo. Hay cosas que no tolero y van más allá de una cancha de básquetbol. Tengo ciertos límites para ciertas cosas y sentí que había llegado el límite para mí. Mis compañeros me bancaron y la dirigencia también entendió que la reacción era para tratar de mejorar y para seguir ganando. No era nada personal.
¿Hubo falta de actitud de Pruitt?
Hubo una falta de respeto absoluta. Llegó en una forma que no podía ni correr, no quería entrenar, jugó dos partidos que fueron un bochorno, no le importaba nada. Yo dije “está todo bien si ustedes quieren jugar con él, yo vine al club por un proyecto que era otro y este tipo nos está faltando el respeto a todos y a todo el laburo que hicimos hasta ahora”. Yo puedo tolerar que un jugador no juegue bien como a todos nos pasa pero no que tenga esa falta de respeto hacia el laburo de todos.
Tras ese partido despiden a Marcelo Capalbo. ¿Hablaste con él después de lo que pasó?
No. Sé que habló con muchos compañeros de equipo pero conmigo no. Yo hablé con él la mañana del partido con Bohemios y después a la noche pasó todo el lío. Después del partido me quise comunicar y no pude y quedó por esa.
Luego de sufrir con Olimpia le ganan 3 a 0 a Trouville y se ponen 2 a 0 ante Malvín.
Eso nos dio el empuje que necesitábamos.
¿Ahí te diste cuenta que podían ser campeones?
No sé si en algún momento me animé a pensar que estábamos para ser campeón pero sí después que vino Smith empecé a sentir que si el equipo ajustaba algunas cositas estaba para pelear el campeonato.
¿Qué tuvo Aguada para ser campeón?
Tuvimos mucha paciencia porque en muchos momentos del año no encontrábamos el camino y fuimos pacientes para no pudrir todo. Buscamos el extranjero hasta que lo encontramos y eso también fue clave. Ya sabíamos que Dilligard iba a terminar el año con nosotros porque cayó muy bien en el grupo y encontrar a Smith nos potenció porque todos sabíamos que precisábamos un interno.
“Los jueces no me miman”
¿Sos un obsesivo del básquetbol?
Me gusta mucho y disfruto del básquetbol. De verlo, de jugar y de entrenar. De tratar de ver por dónde va el partido, cómo hacemos para revertir algo. Sobre todo en los playoffs donde enfrentás mucho a otro equipo y está bueno tratar de cortar tendencias para ganarlo.
¿Mirás los partidos que jugás?
Sí. Cuando me voy de mi casa ya dejo grabando el partido y después lo miro varias veces. Lo considero importante. A mí me gusta mejorar y que el equipo ande bien. Y lo primero que tengo que hacer es detectar que hago mal yo.
¿Te sentiste más que un jugador en Aguada?
No. De ninguna forma. Lo que sí Javier (Espíndola) nos dio chance de que opinemos y si vos me dejás yo opino.
Lo digo por la posibilidad que tuviste, por ejemplo, de recomendar un extranjero, cosas que capaz te ganaste con la postura que tuviste a lo largo de tu carrera.
Puede ser. A mí no me gusta recomendar jugadores porque después quedás comprometido con lo que pase. Por eso lo he hecho muy pocas veces. Pero en el caso de Smith lo quería traer desde principio de año. Marcelo Capalbo peleó para traerlo mucho tiempo pero por una cuestión económica recién pudo venir en los playoffs. Yo había jugado con él, lo conozco como persona y pensaba que en este básquetbol y en este equipo podía ayudar mucho.
Aguada tenía un plantel con limitaciones físicas pero también con jugadores como vos o Alejandro Muro que son muy analíticos y que conceptualmente son muy claros. ¿Ayuda la posibilidad de ver el básquetbol bien para encarar esta etapa?
Sí. Claro que sí. Ser inteligente y ver bien el básquetbol te ayuda muchísimo más que correr de una punta a la otra de la cancha. Cuando sos más chico estás todo el tiempo jugando en quinta y si bien es un deporte en el que hay que jugar rápido a veces tenés que ser más rápido de cabeza que de piernas. Porque vos con los años además te das cuenta que por más cansado que estés físicamente podés seguir pensando y cuando sos más joven y te cansás lo primero que se te nubla es la cabeza.
¿Es verdad que estabas tirando libres a las 6:30 el día de la séptima final?
Sí. A esa hora estaba en la cancha. Pero es todos los días. El día que jugamos con Larre Borges en la cancha de Aguada fui a las siete de la tarde igual. Es la misma rutina tanto acá como en el exterior. No es que voy temprano el día de la final.
En una nota que le hice al Che García cuando dirigía a Biguá me dijo que los jugadores de ese equipo, en el que estabas, eran devoradores de aprendizaje y me habló de la autoexigencia que tenía ese plantel.
En mi caso siempre he tenido ventaja, sobre todo en Uruguay, por estar mejor físicamente que la mayoría de los rivales. La clave, sobre todo acá donde muchos jugadores están seis o siete meses sin hacer nada, es meterle con todo en esos meses porque no hay partido y tenés todo para laburar en lo físico. Durante la temporada me guardo mucho más las piernas y priorizo la alimentación y el descanso.
¿Cuando llegaste a Aguada no pensaste que podía ser complicado llegar a un cuadro grande, con tanta gente y tantos años sin ganar?
Sí. Era lo que más me ocupaba la cabeza. Qué tengo para ganar y qué tengo para perder. Obviamente que tenía muchísimo más para perder que para ganar. Si me dabas el equipo que terminó era distinto pero a comienzo de año no estaba en los planes salir campeones. Yo estaba decidido a jugar acá y la oferta que más seducía económicamente era la de Aguada y asumí el desafío porque si no arriesgás tampoco ganás.
¿Te miman los jueces, te pitan falta ante el mínimo roce?
Seguro que no. Seguro que no me miman los jueces. El sexto partido me habían pitado dos faltas y en el anterior había tirado seis libres. Esos días no dijeron nada de que me miman los jueces. Lo que sí es raro, y los jugadores a veces no lo entendemos, es esa irregularidad de que un día te pitan todo y otro nada. Pero eso es parte del juego y es tema nuestro ajustar. En la final empezó el partido, le cobraron tres faltas a Pablo Morales, teníamos a Smith afuera y jugamos más de 20 minutos con Pablo Ibón. El equipo ajustó, dejó de no hacer faltas y Defensor eligió seguir jugando al límite. Siguió presionando cuando no era un partido para hacer eso. Pero se pensó que los jueces iban a dejar de pitar y no dejaron de hacerlo. Yo jugué 12 minutos con cuatro faltas. No es que no me pitan las faltas. Vos mirás otras ligas y está claro que a los referentes no le podés pasar ni cerca. A mí me pegan todos. Y a veces me cobran y a veces no.
El día que ganaron el título con un mínimo gesto para la tribuna hubieras hecho venir abajo a la gente, sin embargo te mantuviste medido y estuviste lejos de los gestos demagogos.
Es que después te pasa lo que le pasó a Lamonte. Le daba besos a la camiseta y luego vino uno que puso más plata y salió corriendo para otro lado. Incluso yo lo hablé con él. Le dije “esto es culpa tuya no de la gente, vos le dabas besos a la camiseta y la gente se piensa que vos sos de Aguada y jugaste tres meses”. Y esto es lo mismo. Estoy muy agradecido con la gente pero no tenía sentido hacer cosas innecesarias.