Mayas dan la bienvenida a una "nueva era"

El mundo sigue girando este viernes pese a la angustia de unos y a las bromas de la mayoría por los pronósticos apocalípticos que surgieron de un cambio de era en el calendario maya, que se celebró, entre la espiritualidad y la curiosidad turística, en sitios arqueológicos de Centroamérica y México.

Actualizado: 21 de diciembre de 2012 —  Por: Redacción 180

Mayas dan la bienvenida a una "nueva era"

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Con los primeros rayos del sol, sacerdotes mayas celebraron la ceremonia del fuego en lugares sagrados y majestuosas ruinas como Tikal, en el norte de Guatemala, y Chichén Itzá, en el sureste de México, en saludo a una nueva era, tras concluido un ciclo de 5.200 años, 13 baktun en el complejo calendario maya.

Un nuevo amanecer

Ante unos 3.000 espectadores, reunidos en torno a un círculo en el centro de la Plaza Mayor de Tikal, unos 560 km al norte de la capital guatemalteca, los sacerdotes prendieron el nuevo fuego y pidieron por la unidad, la paz, el fin de la discriminación y el racismo.

"Esperamos verdaderamente un nuevo amanecer, sin divisionismos, discriminación y exclusión hacia nosotros", dijo a la AFP Fortunato Mendoza, un indígena de 55 años, quien recorrió 1.000 km en dos días para hacer una ofrenda a los dioses en Tikal, una de las ciudades más representativas del imperio maya.

"A nosotros (los indígenas) nos tienen olvidados", interrumpe su hermano Rafael, 18 años mayor que Fortunato, sentado a su lado en un grada de uno de los templos, en medio del bosque selvático y donde amaneció nublado permitiendo ver sólo esporádicamente al sol que anunciaba el solsticio y la nueva era.

"Para nosotros no es un show y no es turismo, es algo espiritual y personal", dijo a la AFP Sebastiana Mejía, de la Conferencia de Ministros Mayas de Guatemala, al criticar la puesta en escena de la ceremonia oficial que organizó el gobierno en Tikal, encabezada por el presidente Otto Pérez.

Los descendientes de los mayas, una civilización milenaria que se asentó en el sur de México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice, viven este solsticio con la esperanza de un "nuevo amanecer" y un despertar para la humanidad.

"Nos cortaron las ramas, pero no las raíces"

"La historia de los pueblos mayas es triste, nos cortaron las ramas, pero no las raíces y en esta nueva era es el tiempo de retoñar", anunció al público en medio de la ceremonia el guía quechí Manuel Ico a través de un altoparlante inalámbrico utilizado para esta ocasión.

En la ceremonia de fuego para recibir los primeros rayos del sol, también participaron decenas de extranjeros vestidos de blanco y portando una vela en la mano, quienes se han integrado a la asociación Unificación Maya, cuyo propósito era contrarrestar la mala interpretación de la fecha con el fin del mundo, explicó a la AFP el sacerdote Tata Chus.

"Ojalá sea un despertar de los mayas, cuya cultura es rica por su cosmogonía y filosofía", comentó a la AFP la mexicana Deby Katz, hija de padre alemán y madre costarricense.

Al inicio del rito participaron como invitados especiales los presidentes de Guatemala, Otto Pérez, y de Costa Rica, Laura Chinchilla.

Ambos jefes de Estado pernoctaron en las ruinas de Tikal luego de haber asistido al inicio de las actividades, al anochecer del jueves, con la recreación de ritos y danzas tradicionales, frente a la pirámide de la Gran Plaza.

Los mayas cerraron este viernes en el solsticio una era de 5.200 años en su calendario y dieron la bienvenida a un nuevo ciclo, acontecimiento que dio lugar a interpretaciones catastrofistas, impulsó a crédulos alrededor del mundo a refugiarse en montañas o búnkers y llevó a científicos a explicar una y otra vez que la Tierra -y su carga de seres humanos- seguirá rotando el sábado.

La ceremonia atrajo jefes de estado, invitados especiales y turistas, entre los cuales no faltó el cantante puertorriqueño Chayanne, que este viernes se paseaba por las ruinas con cierta discreción y el propósito "de conocer más sobre la civilización maya".

Casi 4.500 km al sureste, muy lejos de la zona maya y en pleno corazón de las civilizaciones incaicas, un rito ancestral de purificación del ambiente dio inicio la madrugada de este viernes en la boliviana Isla del Sol, sobre el Lago Titicaca, como saludo al solsticio de verano austral.

Paranoia mundial

Pero el acontecimiento dio lugar a interpretaciones catastrofistas, animadas en gran parte por películas de Hollywood. Una supuesta profecía maya, que los mismos mayas han desmentido hasta el cansancio, impulsó a algunos alrededor del mundo a refugiarse en montañas y en curiosas guaridas anticataclismos, tan costosas que sólo el que tiene una buena billetera podría salvarse.

Muchos que temían que el mundo podía acabar este viernes viajaron a Alto Paraíso, en el centro de Brasil, convencidos de que este pueblo de tradición esotérica y antiguo refugio de hippies sería un búnker natural contra la catástrofe.

Otros fanáticos subieron a montañas de Serbia o Francia. Y en Argentina cundió el temor a suicidios colectivos en una montaña de reputación mística. En la India, China, Australia, Turquía, Holanda... miles se prepararon para este 21 de diciembre.

La locura apocalíptica contagió tanto al mundo que gobiernos, como los de Estados Unidos y Rusia, y científicos, incluso de la agencia espacial estadounidense NASA, debieron salir a explicar una y otra vez que, al menos por ahora, la Tierra seguirá girando.

"Nuestro planeta se las arregla bien desde hace más de 4.000 millones de años, y científicos competentes de todo el mundo aseguran que no hay ninguna amenaza relacionada con el año 2012", señaló la NASA en una página de internet.

La gran mayoría, escéptica, se lo tomó con serenidad y buen humor.

El apocalipsis vende

Lo que sí ha sido real es el lucrativo negocio del fin del mundo. Gobiernos y empresarios de México y Centroamérica lanzaron campañas para atraer turistas a sitios arqueológicos como Tikal, Copán (Honduras) o Chichén Itzá.

Este viernes unos 135.000 turistas estaban concregados en las zonas del Caribe Mexicano, donde hay muchos sitios arqueológicos y solamente en Chichén Itzá se esperaban para este 21 de diciembre unos 30.000 visitantes.

Hoteles atestados, que dispararon las tarifas, cenas con los mejores chef, bailes, excursiones, conciertos... todo en torno al fin del mundo y, por cierto, pagado por adelantado, exigencia que quizás tuvo el propósito de asegurarse el cobro... en caso que el mundo realmente se acabara.

Mientras muchos empresarios engrosaron la billetera en torno al turismo apocalíptico, los mayas, cuyos descendientes se estima en unos nueve millones en Centroamérica y México, viven en la cruda pobreza y sufren del desprecio y la discriminación.

Aunque ya estaban en decadencia cuando llegaron los conquistadores españoles, su vasto legado a la humanidad está ahí: en la arquitectura, la ciencia, la cultura, la astronomía. Y, según sus líderes, siguen aportando al mundo, con un mensaje de paz y armonía con la naturaleza. Nunca de cataclismos.

(AFP)