Son las 9:30 de la mañana del miércoles. Los jugadores de Nacional empiezan a llegar al Parque Central para el entrenamiento fijado a las 10. No hay hinchas. Apenas cuatro funcionarios con abrigadas camperas del club recorren las instalaciones. El jefe de prensa, Juan Pablo Sesto, avisa: “ahí viene”. Quince minutos antes del comienzo de la práctica aparece el Chino Recoba. Vestimenta informal, lentes oscuros y cartera Louis Vuitton. “Me atrasé. ¿La empezamos ahora y la terminamos después de la práctica?”, le dice a 180.
"Riquelme está feliz", decía el ex jugador de Boca en una publicidad que se hizo famosa. El mismo aviso lo podría hacer Recoba. No tendría que impostar ninguna sonrisa. El Chino anda por la vida disfrutando de un momento soñado.
Cuando llegó a Nacional muchos dudaron de lo que podría hacer. “Sabía que venía a pesar de los comentarios y de alguna gente que no quería que viniera”, cuenta. Sin embargo marcó en su debut ante River y al siguiente partido le empató en la hora a Defensor. Luego todo fluyó. “Tenía la ilusión de que las cosas salieran bien pero sinceramente han salido mucho mejor de lo que esperaba. No era porque no lo pudiera hacer pero nunca pensé que todo iba a ser tan lindo”, dice.
Maduro, analítico, sensato. El Chino habló con 180 de su momento, de la idolatría, de su conflictiva salida de Danubio, de los años en Italia y de su historia con la selección.
¿Sentís que hoy hacés la diferencia en el fútbol uruguayo?
Sí. Junto con los compañeros claro, porque solo no lo lográs. Pero sí. A mí me ayuda que los del medio corran y metan porque si tengo que ir y venir aguanto 10 minutos. Ahora, si me hacés jugar parado, moviéndome un poco para un lado o para el otro y con la tranquilidad que me dan los compañeros atrás y la delantera más rápida del fútbol uruguayo adelante me destaco mucho más. Y jugar en las mejores canchas también hace que el mejor dotado sobresalga más todavía.
Se te ve además maduro dentro de la cancha, la pasás más, como que disfrutás del partido.
Es así. La falta de velocidad me hace pensar más y ser más inteligente todavía. Porque sabés que no podés eludir a cuatro. Tenés que tratar de no eludir a ninguno y jugarla a tus compañeros. Estar rápido mentalmente.
A pesar de tus años en el Inter y una etapa destacada en Venecia ¿considerás que este es tu mejor momento?
Por cómo estoy disfrutando sin dudas que es el mejor. En otros tiempos no te parás a disfrutar tanto porque es todo más rápido y vos vivís a mil por hora. Ahora disfruto de venir a entrenar, reírme en el vestuario, jugar los partidos.
En tu primera etapa en Nacional marcaste al hincha con buenas actuaciones, algún título y aquel golazo contra Wanderers pero ¿sentís que en esta es donde te volvés ídolo?
Sí. En todos estos años yo dije que la idolatría que podía tener la hinchada de Nacional no la había correspondido adentro de la cancha. Acá lo que queda es ganar el Uruguayo y yo no lo había logrado. Hoy por hoy, que tuve la suerte de ser campeón siendo partícipe, me siento una persona querida en el club, importante y parte de la institución.
¿Qué pensaste, si es que pensaste algo, cuando fuiste a patear el penal en el clásico, en el último minuto?
La verdad que no me dio para pensar mucho pero yo, que no soy católico practicante, en ese momento me acordé de Dios como nunca. 'Dame una mano', le dije. Sobre todo porque yo había tenido momentos buenos pero nunca se confirmaban con algo bueno realmente. Y si te fijás es el gol que grito más, el que me emociona más desde que estoy en Nacional. Realmente me llenó el alma. Me liberó de una mochila. Nunca me había tocado una situación tan límite a nivel de fútbol. Yo estaba seguro de que iba a hacer el gol si no se me levantaba la pelota. Por eso es que no salgo corriendo a la pelota, llego casi caminando, para pegarle fuerte y que no se levante. Yo sabía que le tenía que pegar fuerte al medio porque el golero se iba a jugar a un palo y siempre jodo que quizá si dejaba la pierna se la sacaba porque realmente le pegué muy fuerte.
Había que patear ese penal.
El que juega de enganche, que tiene una forma de jugar diferente, es tildado de no sentir tanto el partido. Entonces agarrar la pelota e ir a patear el penal es todo eso y más. No soy de los que piensa que es más guapo uno que pega una patada que uno que hace una moña.
¿Cómo te fuiste de Danubio?
Me fui mal. Yo a Danubio fui a sumar. Pedí firmar tres años para no pelear un contrato a fin de temporada. Sabía que cuando no pudiera estar más me iba a ir. Supuestamente íbamos a armar un equipo fuerte para pelear el campeonato. Pero no pasó. Para el siguiente año le comenté a algún dirigente que yo había decidido volver a Danubio, que estaba poniendo en juego mi prestigio y que no quería sufrir como el año anterior. Algunos dirigentes salieron a criticar pero no dijeron que cuando me ofrecieron bajarme el contrato enseguida dije que sí. Y a cambio pedí que vinieran dos jugadores que iban a ser importantes para Danubio. Me contestaron que sí. Eso fue un miércoles y al lunes siguiente me presenté a entrenar y era todo lo contrario. En ese momento tomé la decisión de no ser más parte de Danubio porque no tenía qué aportar.
¿No sentías que pudieras rendir en esas condiciones?
Exacto. Yo fui de una manera a Danubio, iba a cobrar una plata que no la cobré y no la pienso cobrar y ellos saben bien que es así, pero cuando salen a criticar no dicen la verdad, porque la verdad es esa.
Lo de Nacional surge enseguida.
Es que mi viejo, desde que yo llegué acá, quería que fuera a Nacional. Esa es la verdad. Y yo había comentado con Alejandro Balbi cómo venía la mano en Danubio. Entonces en 24 horas me reúno con Alarcón y a las 48 horas firmé contrato.
La selección
Recién hablábamos de disfrutar, ¿a la selección la pudiste disfrutar?
La verdad es que solo disfruté el inicio, cuando era un gurí de 17 años que se divertía y estaba medio de arriba, la clasificación al Mundial 2002, que fue espectacular lo que se vivió en el Estadio, y las Eliminatorias para el Mundial de Alemania porque había mejorado el grupo y teníamos mejor equipo incluso que en el 2002.
¿Y tu único Mundial no lo disfrutaste?
No disfruté el Mundial como estoy seguro que casi ninguno lo disfrutó.
¿Por qué?
Estaba brava la interna. Había habido cambio de entrenador. Estaba Víctor Púa que creo que nunca se sintió entrenador oficial, era como que estaba dando una mano, y eso por ahí llevó a que se relajara todo. Yo creo que pasó eso. Además estábamos en una mala concentración, la cancha de entrenamiento era un desastre. Eso llevó a que hubiese mucho mal humor.
Capaz que con un grupo unido esas fallas en la concentración y en las canchas se suplían.
Capaz que sí. Ya te digo, a mí me quedó la tristeza de que no pude disfrutar el Mundial.
Pero después coincidieron de nuevo para el siguiente proceso. ¿Cómo la llevaron?
Con Paolo Montero se aclararon muchas discrepancias que teníamos. Nos dimos cuenta que cada uno pensaba a su manera pero a su vez cada uno quería lo mismo. Ahí cambió la interna y el grupo de la Eliminatoria para Alemania era espectacular. Fue una injusticia quedar afuera en Australia y además nos robaron. Nos roba acá el juez y allá también. Para mí estaba decidido que tenía que ir Australia.
Y ahora, ver banderas pidiéndote para la selección ¿qué te provoca?
Yo soy realista. Lo que consiguió la selección lo logró en base a los resultados. Antes del Mundial eran criticados como éramos criticados todos. Pero el cuarto puesto y la Copa América cambió la manera de ver de la selección. Igual viste que con un par de resultados malos se busca un problema, se busca otro jugador. El uruguayo no sabe disfrutar de un buen momento de la selección. Yo no soy la solución, nada que ver. Es bueno estar vigente con 36 años pero en mi cabeza está que los jugadores de la selección tienen crédito suficiente para seguir.
¿Y por qué renunciaste después de la Copa América de Venezuela?
Estaba mal conmigo. Estaba podrido. Podrido de todo lo que hablamos de Paolo, de buscar soluciones para la selección nacional de un país y de no lograrlo. Los muchachos de ahora lo han logrado. Se les presta atención, se le consiguen cosas para mejorar. Antes los viajes desorganizados eran una constante. Llegabas a un aeropuerto y tenías que poner plata para un pasaje. Eso pasó. A mí me pasó.
¿Por ese cansancio te alquilaste un charter para volverte de Venezuela?
Hablé con algún dirigente y me comunicó que estaríamos saliendo el miércoles de Venezuela. Los que estábamos afuera teníamos que presentarnos en los clubes al lunes siguiente. Entonces llegábamos un jueves y nos íbamos el domingo. Ese dirigente me dijo además que quisieron conseguir un charter y no había ninguno disponible. Y había. Porque yo conseguí. Y si yo conseguí había. Entonces hablé con los muchachos del exterior y lo pagamos entre todos e invitamos a los que jugaban en Uruguay y quisieran viajar.
¿Le avisaste a Tabárez?
No. Yo en todo eso cometí errores, como por ejemplo no comentárselo a Tabárez.
Italia y los Asaltantes
¿Y en Italia dónde la pasaste mejor?
Los seis meses en Venecia los disfruté. No tenía hijos y estaba solo con mi señora. Tenía menos presión que en el Inter, esa es la realidad. Y los últimos seis meses del 2001, que con el Inter perdimos el campeonato en la última fecha con la Lazio, también fueron espectaculares. Me pasó algo como acá, una racha similar de goles importantes. Pero faltó lo que logramos con Nacional que fue salir campeón.
Con Massimo Moratti te seguís hablando?
Sí. Tengo algunos temas pendientes. Ja.
Pero buena onda.
Sí. Desde que llegué me apadrinó. No porque yo hiciera nada para ganármelo pero era espectacular tener al presidente de tu lado. Llegaba y les daba la mano a muchos y a mí me daba un beso. Pero yo no hice nada para alcahuetear. Tuve alguna actitud con él que me nació. Cuando quedamos afuera en semis de la Champions yo le puse el contrato en la mesa y le dije que si quería lo rescindía o me lo bajaba. Y se creó una amistad muy linda. Me manda mensajes, hablamos.
Sacás una murga en el próximo carnaval.
Ja. Sí. Los Asaltantes con Patente.
¿Por qué te colgaste con eso?
Porque el sueño de mi suegro (Rafael Perrone) era sacar una murga. Había posibilidad de poner nombres nuevos o elegir un nombre ya conocido. Era Don Timoteo o Asaltantes y como Miguel ya la había sacado decidimos así.
¿Vas a subir a algún tablado?
Voy a subir sí. Cara pintada y escondido subo. Estoy contento. Ya está pronta la retirada y la bajada. Está impresionante.
Si un día decidís comprar un cuadro de fútbol y tenés el mismo poder de contratación que con la murga vas a hacer un cuadrazo.
Ja. Buscamos gente de primera calidad y bueno, la conseguimos. Y muchos vienen a la murga porque son amigos entre ellos y nunca habían salido juntos. Y aceptan salir por eso. A mí me encanta.