El loco del vinilo y de la sopa de pescado

Hace 17 años, Sebastián Teysera lidera una de las bandas más populares de Uruguay. Ahora vive en Cerro del Burro, cerca de Piriápolis, donde se ha especializado en combatir las hormigas, hacer asados y cocinar sopa de pescado. El 13 y 14 de abril la banda presentará Piel y hueso en el Teatro de Verano. Entrevistado en No toquen nada, “el Enano” habló de su fanatismo por el vinilo, de su gusto por El Gourmet y de cómo convive con una fama que alguna vez lo llevó a pedir un parate.

Actualizado: 26 de marzo de 2012 —  Por: Redacción 180

El loco del vinilo y de la sopa de pescado

Sin datos (Todos los derechos reservados)

Joel Rosenberg: Sebastián, está viviendo en el Cerro del Burro. ¿Dónde es?

Sebastián Teysera: Hace ya dos años… Pasás el segundo peaje, entrás por Solís, pasás Bella Vista, Las Flores, Playa Verde, Playa Hermosa, y ahí en Playa Hermosa para arriba, para el cerro unas cuadras. Tengo que ir a buscar a la gente a la rambla porque no es fácil llegar.

¿Y dónde ensayan ahora con la banda? ¿Cerca de tu casa?

No, ensayamos acá.

Tenés que ir y venir.

Generalmente hago eso a no ser que ensayemos como ahora que es de lunes a viernes, y ahí me quedo. Tenemos ahí con Cris, con mi chica, una taperita en Capurro, al lado de la vía. Y los fines de semana me escapo y a veces también corto por ejemplo los miércoles y vuelvo el jueves.

¿Pero por qué estás allá? ¿Por qué la elección de irte a vivir allá?

Y bueno, fueron varias cosas.

Porque vos sos urbano, ¿no?

Sí.

Somos varios de apartamento.

Exacto. Toda la vida viví en apartamento. Mis viejos siempre vivieron en apartamento, siempre se mudaron cada dos minutos, o sea que tuve que pagar derecho de piso en muchos barrios. Y yo la verdad que añoraba el hecho de tener, como dice la entrevista de la BLa, tener un jardín, tener un poco de pasto. Y bueno, nada, conseguir una casa acá con pasto es un platal, entonces allá era mucho más barato. Y bueno, mi mujer es de allá, se crió en Piriápolis, y medio que cuadró todo. Y tampoco estás tan lejos. Viendo por ejemplo la experiencia de gente que vive en Buenos Aires que para ir a trabajar le lleva una hora y media para llegar al laburo… Acá es lo mismo, en una hora y veinte estás acá.

Miguel Ángel Dobrich: A pesar de estar cerca, de todos modos cambia tu vida ahí.

Sí, ni qué hablar. Pero también es lo que contraste con la intensidad de las giras, entonces está bueno porque son dos caras de la misma moneda totalmente opuestas. La intensidad de estar tocando todos los días, haciendo miles de kilómetros en camioneta, en bondi, lo que sea. Llegás a Montevideo y tampoco difiere mucho porque es otra dinámica. En cambio, allá me quedo y me quedo en paz.

¿Vos sentís que allá te rinde más el tiempo? O sea, ¿usás el tiempo de modo diferente?

A veces no lo uso pero los días son mucho más largos, sí, pasa todo más lento.

¿Eso repercute en tu trabajo como compositor?

Y yo creo que de alguna manera sí. No he escrito ninguna canción ahí. Yo no puedo escribir en mi casa, en mi casa hago otras cosas. Generalmente me voy a otro lado solo a escribir. Para este disco y para El Impulso me alquilé una casa afuera solo, quince días. Los primeros cuatro días son una pesadilla porque lógicamente no te sale nada.

Joel Rosenberg: Está corriendo el alquiler y vos con la hoja en blanco.

Exacto, es la gran batalla de la hoja en blanco. Y ya lo sé yo que los primeros tres días es como acercarse hacia adentro y con la hoja, y después empieza a surgir todo. Pero generalmente hago eso, me tengo que abstraer hasta de mi propia historia.

Decís: “Hago muchas otras cosas en mi casa”. ¿Qué cambió de lo que hacías en un apartamento a lo que hacés ahora? ¿Hacés alguna tarea que tiene relación con tener un jardín?

Sí, claro, lógicamente. Cuando llegamos a la casa había solo una anacahuita nomás, y ahora hay de todo que plantamos, limoneros, ciruelos, higuera, de todo. Está lleno de plantas. Y sí, tengo una lucha personal con las hormigas. Son todos otros mundos, otros viajes.

Una lucha “personal”, además.

Sí, totalmente. Con diferentes tipos de hormigas y gusanos. “Los gusanos que no dejan crecer mi jardín”, ya lo había dicho hace unos años atrás.

Y cocinás bastante, ¿no?

También, me encanta. Tengo un parrillero, es una especie de altar. Pero se hace de todo. Mucho pescado también.

Pero no solo cocinás en la parrilla, cocinás en la cocina también.

No, cocino en la cocina.

Porque muchos uruguayos hombres que no tenemos habilidades, la parrilla más o menos la llevamos. Pero el tema es entrar a la cocina.

No, de todo, de todo. Me encanta hacer Bouillabaisse, sopa de pescado, me encanta hacer risotto.

El Bouillabaisse, ¿qué es eso?

El Bouillabaisse es la sopa del pobre marsellés. Es una sopa de pescado que hacían los marselleses, los pescadores en el puerto con la sobra de los pescados, y también verduras y cosas. Generalmente se hace con dos tipos de pescado, una merluza que con el hervor se deshace y un cazón, ponele, que queda la carne firme, entonces cuando tomás la sopa tenés como las dos…

¿Comprás ahí en Piriápolis el pescado?

En Piriápolis se compra muy buen pescado, muy fresco, vas al puertito… Yo creo que es la ciudad donde se consume más pescado en todo el Uruguay.

¿Seguís mirando Gourmet.com? ¿Tenés cable ahí?

No, no tengo tele.

Pero mirabas mucho Gourmet.com.

Sí, de gira. Por eso me dejan solo en las habitaciones a veces. Es la guerra entre el Gourmet y ESPN.

Vos vas más para el Gourmet.

Sí, yo me cuelgo. Después hay un momento en que se repiten los programas, entonces ya los viste todos y tenés que hacer otra cosa.

¿Y qué contacto con la realidad tenés de medios de comunicación allá? ¿O no te interesa? Radio, televisión, diario. ¿Vas y comprás el diario?

No, no, nada.

¿Por internet?

Internet sí. Montevideo.com o 180, o lo que sea pispeo un poco, pero no compro diarios ni escucho radio, ni escucho música. Tengo un quiosco acá y otro allá de vinilos, entonces hay una casita atrás de la casa donde puse la bandeja, donde puse los parlantes, donde me empiezo a llevar el piano ahora.

¿Y con la política local o con la realidad social actual? ¿Con esas cosas te colgás, con saber algo de cómo está la cosa?

Pero bueno, cosas así miro por internet.

Lo buscás por ese lado.

Exactamente.

Miguel Ángel Dobrich: Recién hablábamos de que Piel y hueso va a salir en vinilo. ¿Por qué tienen tantas ganas de que esté en ese formato?

Por lo menos en lo personal, hay gente en la banda que se ríe porque rompo los huevos con esto del vinilo, ya los tengo podridos.

Joel Rosenberg: “El fetichista de vinilo”.

Claro. A mí siempre me joden de que de pronto me iba para afuera con los parlantes, las bandejas, la potencia, los vinilos, y decían: “Ahí viene el Enano con el iPod…” Es un formato que a mí me encanta personalmente, es el hecho de poner un disco, revaloriza el hecho de escuchar música.

Miguel Ángel Dobrich: Y suena diferente además.

Ni qué hablar que suena diferente. El ancho del track es la cantidad de graves que tenga, de calidad de sonido, cuanto más ancho mejor suena, cuanto más peso tenga el disco también. Vamos a hacer discos de alta calidad, de 180 gramos. No esos discos que yo le llamo “cuacu cuacu”, que los agarrás y parecen un abanico y hacen “cuacu cuacu cuacu”. Esos no suenan muy bien.

Joel Rosenberg: Además, tenés un lío con el CD.

No me gusta nada el CD. Lo que pasa que yo, no sé, tengo una dinámica de escuchar discos tan feroz y salvaje que me duran dos segundos. Y está lógica y constantemente la Ley de Murphy de que el primer tema que se te raya es el que más te gusta. Y han volado discos por la ventana. Y bueno, me han robado varias veces, la típica cajita de 40 CD’s, y esas cosas.

Le agarraste fobia.

Exacto. Miro las tapas vacías… está mal ese formato.

¿Y en formato digital? ¿Tenés iPod? ¿Tenés MP4 o algo para escuchar?

Sí, yo escucho MP3 y vinilo.

¿Y bajás música de internet?

Sí, bajo música, pero tengo una dinámica, una disciplina, una política bastante coherente.

¿Cuál es?

Por ejemplo, muchas veces recomiendo una radio online que se llama Pixie Radio, entonces tiene diferentes tipos de música. Tiene indie, tiene esto, tiene lo otro. Y te va tirando todo el tiempo canciones, con una pantallita que dice el nombre de la canción, el nombre de la banda y el nombre del disco. Y estoy haciendo cualquier otra cosa y de pronto me gusta algo, voy, me fijo qué es, me bajo algunas canciones, y si me gusta la banda voy a por el vinilo. Por suerte tengo la suerte de viajar por ahí.

Ah, por el vinilo vas, es más compleja la tarea que te ponés por delante.

Exactamente. He estado dos años buscando un disco. Y cosas viejas también. Ahora, por ejemplo, hace tiempo que estoy buscando uno que se llama Flowers de Echo and the Bunnymen.

Miguel Ángel Dobrich: Y cuando lo encontrás…

Y cuando lo encontrás me ves saltando como un loco en la disquería, y la gente dice: “¿Y a este enfermo qué le pasa?” Pero es todo un desafío, es todo una aventura. Y de hecho, imaginate, abrirlo y poner el disco tiene un valor gigante.

Joel Rosenberg: O sea que tu política es esa, lo vas a terminar comprando, o por lo menos vas a intentar comprarlo.

Igual yo siempre opino que nadie tiene más derecho que yo a piratear porque a mí me piratean. Yo creo y comparto, yo también hago lo mismo. Es como una especie de círculo.

¿Esa es la relación que has entablado?

Sí, yo sé que me piratean, está todo bien, pero aporto.

Sí, este documental que tengo acá está enterito en internet. Está en YouTube creo.

Está en YouTube también. Bueno, yo aporto y también bajo. Pero no es algo salvaje por tener, y llenar el iPod porque me compré uno de 160 gigas y lo tengo que llenar.

Acá en este documental que hablábamos recién aparece un Enano Teysera del año 95, o por allí.

22 añitos.

Enloquecido tocando la batería. Me decía Migue: “Esta parte yo no la sabía, que tocaba la batería”. Aparte intentando ser frontman y batero al mismo tiempo. ¿Es como una locura, no?

Sí, fue una locura, de hecho lo hice tres veces nada más. Pero yo no lo sabía tampoco, tenía 22 años, estaba entero. Era muy engañoso, porque con la ansiedad, yo daba el tiempo a una velocidad irreproducible después. Y eran temas que no tenían final, eran medio zarpadas también, entonces duraban cuatro minutos, cinco minutos, y ya no podía más. Fue una aventura buena, estuvo divino, de hecho, decir “toco la batería y canto” a lo Phil Collins, nos reímos muchísimo, pero era inviable.

Era parte de tu historia con la banda desde el comienzo, que era tirar de todos lados y desde cualquier lado. Lo reconocen tus propios amigos-compañeros de esta historia. Ellos dicen algo como que ni siquiera estaba plasmado en otro lado que no fuera en tu cabeza, ¿no? Que vos sabías a dónde ibas con tu banda. ¿Cómo ves aquellos momentos? Estabas un poco chalado.

Supongo que estaría un poco chalado, sí, para encarar las cosas de esa manera. Yo me acuerdo de eso, de la fe que le tenía a la historia. A la fe que le tenía no, sino al hecho de intentarlo, romper con un montón de prejuicios que había, de unos mismos y de la gente que nos rodeaba y de los veteranos que te dicen: “¿Cómo te vas a dedicar a la música?”

Miguel Ángel Dobrich: A mí me llamó mucho la atención en la entrevista esta de BLa que vos hablabas hoy… “¿Querés vivir de la música? Es una locura. Acá en Uruguay de la música vive Rada y Jaime Roos”. Y tu respuesta por aquel entonces.

Rada es Rada, Jaime es Jaime y yo soy yo. Lucharon muchísimo, pelearon muchísimo por vivir de la música y yo voy a hacer lo mismo. De pronto tenía una dificultad más, de que lógicamente yo estaba hablando de dos solistas, que es otra dinámica. Cuando le dije a mi viejo que quería vivir de una banda de rock con mis amigos, imaginate…

Era el combo completo, con tus amigos además.

Aparte con mis amigos, no era con cualquiera. Ahí me dijo: “Estudiá algo, recibite como una especie de back up, y después hacé lo que quieras”.

¿Y estudiaste hasta dónde?

Terminé el liceo.

Miguel Ángel Dobrich: Piel y Hueso, este maravilloso disco doble de La Vela Puerca, está dividido en dos partes. Tienen un cerebro y un corazón sangrante. ¿Por qué decidieron con La Vela quebrar el álbum y que propusiera por un lado una parte eléctrica y otra parte más tranquila acústica?

No empezó así, eso surgió en el andar. Empezamos a componer y a ensayar la parte eléctrica, la parte rockera. Y mientras hacíamos eso a mí me salieron un par de canciones más, de estas tranquilitas, que es una cara que La Vela siempre ha tenido, la de Deskarado con Mi Semilla, o Para no verme más, o Respira, cosas así, que son una parte más tranqui, más sensible de la banda. Y si hacemos un disco de trece o catorce temas, lógicamente no iban a poder estar de estos tranqui más de dos. Iban a volver a quedar un montón de temas de estos afuera. Entonces a mí se me ocurrió que para que entren todos, separarlos, y así ya llegar a un concepto de que sean dos estados de ánimo totalmente diferentes que son los dos estados de ánimo que maneja La Vela como banda.

¿Por qué decidieron asociar el corazón a lo acústico y el cerebro a lo eléctrico?

Eso fue un lío, eso hay que preguntarle a Guille Larrosa que fue el diseñador, que después de que lo hizo nos encantó pero no supimos nunca qué decir. “¿Pero cómo se llama? ¿Piel o hueso? ¿Corazón o cerebro?”. Para mí las partes lentas es el corazón, no sé, y la parte más eléctrica es más cerebral. Aparte, lo que pasa que nosotros vivimos otra historia de que el disco rockero, el disco eléctrico, lo que sería el cerebro, tuvo pre producción, estuvimos un mes ensayando antes de empezar a grabar en el mismo lugar, en la chacra esta que habíamos alquilado. Y el disco lento no, prácticamente se compuso y se grabó al mismo tiempo ahí en esta chacra, entonces como que uno era más cerebral, ya venía más producido; y el otro era más de corazón, digamos, “hacemos esto”, “¿y si hacemos lo otro?”, y fuimos borrando y grabando.

Joel Rosenberg: Es como minimalista, tiene seis temas.

Exactamente. Bueno, la historia era esa, dividir los dos estados de ánimo, entonces mucha gente últimamente me dice: “No, porque yo al rockero no le puedo entrar, a mí me gusta el tranqui”. Y otro me dice: “El tranqui es re maraca, a mí me gusta el otro”. Y la historia es que funcionan los dos al mismo tiempo, eso es lo que yo digo. Fijate cómo estás vos en el momento en que elijas el uno o el otro.

En los recitales he visto gente de mi edad con los niños subidos a los hombros y son aquellos que antes íbamos y no teníamos hijos. Uno no tiene temor a llevar al hijo al recital de La Vela.

Primero, es algo muy emotivo, muy emocionante, ver lo que ha sucedido en generaciones. Cómo las canciones han sabido hablar a su manera a diferentes personas de diferentes edades. Yo supongo que un niño no entenderá mucho la letra, entonces la música es la que está jugando. En un adulto de pronto no será la música y será la letra, el mensaje. Es algo que a mí me sorprende, yo no me lo atribuyo a mí totalmente ni a la banda siquiera, yo se lo atribuyo a las canciones, cómo son ellas. Yo siempre las separo de nosotros. Ellas van, caminan, golpean las casas de la gente, y empiezan a interactuar y a contar su historia. Me asombra muchísimo y me encanta, es algo que me parece muy emocionante. Uno larga la canción, la canción camina y es en el ‘en vivo’ donde viene y te da un feedback, te dice algo. Me sorprende y me encanta y en algunas me siento súper orgulloso. Hay canciones que son muy tímidas, otras que son súper ambiciosas. Pero cada una a su manera te devuelve algo y nunca viene sola, siempre vienen con un montón de gente atrás.

Ese montón de gente atrás y lo masivo que se volvió la banda en algún momento, también les impidió seguir con ciertos rituales, por ejemplo el festejo del cumpleaños en el Defensor. ¿Cómo fuiste tomando eso?

Sí, esa puntualmente no la pudimos hacer más, más allá también de lo que sucedió en el Teatro de Verano, que se cayó una torre. La historia fue que era una fecha pésima que en un momento se volvió incontrolable, no por la gente sino por la misma fecha en sí. Era insostenible porque ya la infraestructura, al ir tanta gente, era mucho mayor en un día donde nadie quiere trabajar. O sea, un 24 de diciembre nadie quiere hacer nada. Entonces pedíamos el sonido, era todo una transa, pedíamos el escenario, era todo una transa, pedíamos un flete, era todo una transa. Entonces ya se empezó a complicar, y antes se podía hacer porque era mínimo lo que se necesitaba. Pero se empezó a necesitar mucho más, se empezó a hacer complicado y por ende al no tener todo lo que precisás suceden este tipo de cosas como en el Teatro de Verano.

¿Y lo de cantar muy cerca de la gente? ¿O lo recuperan en algunos lugares más chiquitos?

Por suerte seguimos viviendo diferentes realidades increíbles. Está el estadio súper masivo, están los toques chiquitos como acá en Paysandú o en Sueños de Minas.

En Salto los están reclamando, había varios correos.

Sí, bueno, hay ahí unas historias. Pero por ejemplo en Sueños de Minas o en Paysandú, o estuvimos ahora en Carmelo también, siguen estando esas cosas. Y siguen estando también algo que es para mí increíble y está buenísimo, invalorable, son los conciertos por ejemplo en Alemania para 100 personas donde la mayoría de la gente nunca te escuchó en tu vida y ni siquiera te va a entender, entonces es como un desafío rarísimo, que a esta altura después de 16 años me parece súper sano tenerlo.

Miguel Ángel Dobrich: Yo tengo una pregunta que no quiero obviar, que hablabas apenitas afuera del aire, es: cerca de los 17 años de La Vela Puerca, ¿cómo hicieron para sobrevivir al estallido? ¿Cómo hicieron para sobrevivir a ese éxito masivo con La Vela?

No lo sé, primero creo que son muchas cosas. El hecho de ser amigos antes que músicos y compañeros de trabajo, que fue una etapa bastante dura, el hecho de tomar consciencia de que además de que éramos amigos pasamos a ser compañeros de laburo, y todo un mundo que no habíamos curtido entre nosotros. Un montón de discusiones que no teníamos, formas de ver las cosas. Eso nos tuvo bastante entretenidos como para sobrevivir un poco a lo que fue esa masividad. Y después algo que había que entenderlo, no estaba en nosotros, sucedió y nosotros lo único que podíamos hacer era o disolver la banda y hacer otra cosa o hacernos cargo. Nos inclinamos por hacernos cargo porque realmente una de las cosas que queríamos era vivir o sobrevivir de la música. Nos gustó el desafío, nos gustó “a ver, estás ahí, bueno”, agarrar el toro por los cuernos, mirarlo cara a cara y decir: “Bueno, vamos, te voy a dar hasta que pueda”. Y así fuimos hasta ahora, hasta los 17 años. Cada uno en lo personal lo pasó a su manera. Yo tuve una etapa bastante oscura con respecto a eso.

Sí, yo decía al principio que pediste un parate incluso.

Sí. No me pegaba bien, yo andaba ofuscado, porque no soy un tipo que naturalmente con la personalidad para ser una persona pública, no soy así. Hay gente que le encanta, a mí no. Y es algo que tuve aceptarlo primero y después lograr convivir con eso. Justo también fue la historia de que todo el mundo anda con una cámara de fotos en el bolsillo, me quería hacer remeras que digan “Hoy fotos no”, por ejemplo, cosas así. Tuve una etapa bastante caótica en esa transición de aceptarlo y lograr convivir con eso. También cada uno habrá tenido la suya. Son las consecuencias de lo que uno hace, y yo puse en la balanza y realmente no hubiera cambiado nada y me quedo con el privilegio y la suerte que tengo de hacer lo que me gusta, que lógicamente, como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.