No pasa todo el tiempo (o casi nunca). Pero la justificativa es la más simple posible: “Queremos dormir tranquilos”, dice Virginia Barrales y su marido --el alcalde de Garzón y José Ignacio-- sobre seguir con su humilde rutina profesional en Punta del Este aunque sea la “primera dama” de uno de los balnearios más vip de Uruguay.
No les importa ni el glamour que visitantes o propietarios ilustres como Carlos Slim –el hombre más rico del mundo--, o Shakira, o David Beckham dejan temporada tras temporada en las arenas del Este uruguayo. Ni la ola de ricachones argentinos y brasileños que vienen echando más que un ojo para los terrenos de José Ignacio. Lo que más quieren, dicen y repiten, es no sacar los pies de la tierra y vivir de la forma más “efectiva” posible.
El término es el elegido por el alcalde Fernando Suárez, ex periodista deportivo y ex recepcionista de un hotel de lujo en Punta del Este, para describir sus elecciones en el día a día a la hora de decidir si debe atender a un vecino que le pide un pozo, o a un inversor oriundo del otro lado de la frontera en búsqueda de autorización para sus negocios.
A los 35 años, Suárez vive “el momento más importante” de su vida profesional. Lo acompaña su mujer, Virginia Barrales, 31, que mientras el alcalde ejerce su labor en el tope de la jerarquía oficial de José Ignacio y Garzón está limpiando tranquilamente una ventana o lustrando alguna puerta.
En un sábado de mucho sol y con los termómetros arriba de los 30 grados, la pareja saluda discretamente y con total naturalidad a los peatones que pasan por una de las tranquilas plazas de San Carlos. El contraste abismal entre sus vidas públicas y privadas hace reír a los dos –juntos desde la adolescencia y padres de Emiliano (15), Facundo (12) y Florencia (11).
“Eso sorprende sólo para el que no nos conoce”, dicen divertidos en la charla con 180. Puede ser así pero Barrales cuenta que, días después de la victoria del marido, sus compañeras de trabajo no se resistieron a preguntarle, al inicio de un día más de limpieza, “qué estaba haciendo allí”.
Barrales es mucama durante la temporada alta. El 2011 no se dedicó a la actividad porque era el primer verano que vivían la nueva situación –la de “primera familia” de José Ignacio—y necesitaban organizar la rutina doméstica con base a eso. Este año, con todo más acomodado, volvió a su trabajo, vinculado a una empresa que ejecuta la limpieza de un edificio en Punta del Este. La actividad se mantiene hasta el final del verano, cuando la familia vive dividida: ella y los dos hijos más chicos quedan en San Carlos. Suárez y Emiliano permanecen en Garzón, donde todos viven a lo largo del año.
El alcalde, perteneciente al Partido Nacional, viene de una familia de pocos recursos, compartidos con sus diez hermanos. Maneja el cotidiano de una joya turística en donde la población salta de los 2.000 habituales para más de 6.000 cuando llega el calor. Y en donde una propiedad sobrepasa sin esfuerzo el presupuesto anual de todo el municipio (sólo el terreno de una chacra marítima de cinco hectáreas en José Ignacio puede llegar a al millón de dólares, según los agentes inmobiliarios; Suárez tendrá un promedio de 500.000 dólares al año para gastar durante su gestión hasta el 2015).
Su llegada al poder, devenida de una propuesta recibida 45 días antes de las elecciones, se concretó gracias a 67 votos y costó a la pareja 3.000 pesos, salidos de sus propios bolsillos e invertidos en caminatas por las calles de San Carlos y José Ignacio. “Yo no pedía votos, decía lo que me gustaría hacer si llegara a salir victorioso”, cuenta él.
“Me parece bueno eso, el hecho de que cualquier persona tenga el derecho de llegar (a la alcaldía). Y esa persona tiene que entender que no hay que cambiar su vida en nada por eso, y que hay cosas que se pueden hacer, y otras no. A partir del momento en que queda claro eso, no importa si te llegan personas de posición económica alta o baja”, comenta Suárez sobre el hecho de estar permanentemente con los pies en dos botes distintos: el de la realidad diaria de su pueblo y el de los exuberantes emprendimientos veraniegos.
“Uno puede ser famoso y todo pero es un ser humano como otro cualquiera”, sentencia el alcalde, que garantiza nunca haber recibido ninguna propuesta indecente por parte de algún poderoso y cuenta atender a no más que un 10% de todas las invitaciones que recibe para ir a eventos promocionados por personalidades.
“No critico quien hace eso (vivir de fiesta en fiesta) pero trato de ser más efectivo, en el sentido de dedicarme a mi trabajo puntual. Todo lo que tiene que ver con actividades privadas no es mi prioridad.”
Una vez más su mujer lo acompaña en el blindaje con que decidieron enfrentar las tentaciones del poder. Sobre uno de los muchos eventos organizados por la dinastía de la farándula argentina en José Ignacio (por ejemplo uno que contó con la presencia de familiares de Susana Giménez, Graciela Alfano e invitados del mismo tenor, ladeados por las modelos de Pancho Dotto), cuenta la primera dama: “No me causa nada. Yo prendo la tele, los miro un rato, después cambio, voy a otra cosa. Cuando tenemos que ir a ese tipo de cosas, vamos, hacemos acto de presencia, nos sacan fotos y nos vamos. Se acabó ahí.”
El trabajo actual de Suárez ha posibilitado un cambio significativo en el hogar (el sueldo de alcalde en Maldonado es de 63.368 pesos uruguayos mensuales), pero el estilo de vida no sólo sigue intocado y esto se ha transformado en una cuestión de honor. “Soy mucama y no es ninguna vergüenza. Todo esto nos va a durar tres años y pico más. Después mi vida tiene que ser la misma de siempre”, dice Barrales con serenidad.
Como siempre ha sucedido, los niños (que lloraron de emoción al ver su papá alcalde) obedecen a una educación cariñosa pero austera. Si piden un mimo material fuera de hora “tienen que hacer para merecer”. Durante las vacaciones, Emiliano, “para no andar en la calle”, fue encargado de promover pequeños arreglos en el patio de la casa.
Los fines de semana, los cinco se juntan. Si la agenda lo permite, el alcalde se sienta para hinchar por su Nacional, y la “primera dama” se divierte con el humor de Cantinflas, pasión que la llevó a adquirir una serie con seis DVDs con lo mejor de la producción del actor mexicano.
De lunes a viernes, Suárez trabaja para concretar especialmente las prioridades de su gestión: pavimentar los caminos rurales de José Ignacio, construir un centro comunal en La Juanita y mejorar el saneamiento de Garzón.
“Tengo claro que este es un trabajo con plazo determinado. Si no sigo en la política, voy a volver a mis otras actividades, tenemos tres hijos para cuidar”, dice el alcalde, que no desestima intentar la reelección. “Queremos dormir tranquilos, y hasta ahora lo logramos.”