Perfume de tangerina

Por unos meses, Agösto bajó a Alcira de los teatros. Ahora se muestra como escritor en “Olor a pobre”, todos los viernes y sábados en Lindolfo. Mientras prepara el regreso de su clásico personaje y arma un espectáculo con Patricia Wolf para el cierre del año, anima reuniones, y va y viene entre Buenos Aires y Montevideo. Un trajín en el que ha logrado vivir de ser actor y rehuir a un final que todos le decían era inexorable: las ocho horas.

Actualizado: 09 de setiembre de 2011 —  Por: Mauricio Erramuspe

Perfume de tangerina

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Ensayo en el Teatro Solís (antes o después de la reforma, no importa).

Un actor joven, recién egresado de la Escuela Municipal de Arte Dramático, mira en la platea y come. Come tangerinas. Una gran actriz pasa, lo mira y le dice en tono comprensivo:

_ Qué olor tan peculiar…

_ Sí… olor a pobre.

_ Hmmm… Es como olor a niño pobre.

La escena autobiográfica sucedió hace muchos años y es el embrión de “Olor a pobre”, la obra del actor y escritor Agösto, que se estrenó este viernes 2 en Lindolfo.

Conocido por el personaje de Alcira, una experta en bricolage que nunca logró decir bricolage ni que una manualidad se ajustara al patrón Utilísima, Agösto presenta su otra faceta. Allí no actúa. Él escribió y trabajó en la dirección de actores con la argentina Maruja Bustamante, responsable de la puesta.

La obra se representa en Buenos Aires y Montevideo simultáneamente, con un elenco compuesto por un actor argentino, dos actrices españolas y una alemana. El proyecto ganó fondos en Iberescena y el autor/actor terminó de escribirlo durante una beca en Barcelona.

Se trata de una sátira a los grupos que ensayan propuestas teatrales de vanguardia, en las que buscan incorporar conceptos como la diversidad. En este caso, un peruano es incorporado a los ensayos que llevan adelante tres actrices europeas. El "olor" del latinoamericano es el que desencadena todo lo que sucede en el escenario.

Además de aquella experiencia con las tangerinas, Agösto fue el peruano en otros grupos tanto en Montevideo como en Europa. A veces por el olor en los intensos ensayos. Otras, por ser el único sudaca en ambientes europeos con una “imagen medio ignorante, boluda, y ‘wild-on’ de Latinoamérica”.

Agustín Silveira Möner, bautizado Agösto por una profesora de teatro, conversó con 180.

¿Ves diferencias en la recepción del espectáculo en Buenos Aires y en Montevideo?

No. Me llamó la atención que a la gente le dé tanta gracia. Yo estoy linkeado con el show, la gente me conoce por Alcira, les parezco gracioso, y estoy acostumbrado a hacer shows en los que lo que pretendo es hacer reír, divertir. Acá no. Yo no me planteé que fuera gracioso.

Me pasó también en Europa y yo miraba y decía “qué boludos… no se dan cuenta de que es serio…” (risas).

Yo no concibo nada sin humor, soy así, me parece que podés contar la cosa más terrible con sentido del humor. No me gustan las cosas solemnes ni la gente que se da demasiada trascendencia. Menos con el teatro que, entiendo que es un arte y es divino, pero es bien inmediato, con estos que están acá… no es tan trascendente.

Tu popularidad llegó con Alcira en La culpa es nuestra (Canal 10) en el año 2007, luego te fue muy bien en Carnaval imitando a Daysi Tourné en Colombina Che. Estabas muy arriba y ahí te fuiste a la beca en Barcelona. ¿Fue pensado o se dio así?

Fui recibiendo cosas que tienen que ver con la tele, que te hace más masivo, todas desde Alcira, en lugares y espacios en los que yo decía “no sé qué va a aportar”. Fui diciendo que no a varias cosas, como tratando de preservarme, aunque de hecho yo vivo de esto que hago y en realidad gano más dinero haciendo shows privados, eventos y teatros. De hecho hicimos uno de verano en el Undermovie y decidí bajarlo porque era pleno invierno y seguíamos diciendo cosas del verano.

Después hicimos un ciclo en La Commedia con “Alcira para adultos” que seguramente lo retome porque me lo piden. Sigo pero no en los medios. Tuve varias propuestas de varios medios y como que no agarré.

No es porque el personaje te haya cansado sino porque querías probar otras cosas.

Claro. Para mí está bueno que el artista aparezca y después no tengas tanto acceso a él. Capaz que es una cosa medio romántica que me quedó. Obviamente que si hubiera una propuesta de tele que me sedujera, la agarraría.

¿En boom del stand up llegó para quedarse o es parte de un fenómeno pasajero?

Creo que llegó tarde a Montevideo. Es una cosa que no creo que se vaya a diluir. A mí y a un montón de gente nos vino bárbaro.

La verdad es que desde que empecé a estudiar teatro a los 15 años todos mis maestros y mi familia siempre me dijeron que nunca iba a poder vivir de esto, que había que tener un trabajo de ocho horas. Y yo siempre fui muy caprichoso en no tener un trabajo de ocho horas, siempre que lo tuve me sentí un desgraciado, no aguanté más de un mes. Hoy he conseguido vivir de lo que hago.

¿Cómo es caer en esas reuniones de familia, grupos que ya están integrados, que tienen sus propios temas y buscar divertirlos?

Eso es lo que más curte, es lo que me ha dado más cancha. Además pasé por encima de todos mis prejuicios. Yo antes era distinto, ni a palos hacía eso, me parecía degradante. Quería solo lo ideal, ni siquiera hubiera hecho el programa de televisión. Yo era así y soy un poco así. Después agradecés esas cosas. Hoy hago mucho esas presentaciones.

El precursor fue Petru Valensky…

Ahí están los prejuicios. Todo el mundo siempre no digo que lo haya ninguneado pero era como otro escalafón… “lo que hace Petru, caer en fiestas”. Hoy se volvió cool el stand up, es cool todo eso. Es aleccionador para todos, para mí inclusive. En realidad Petru es el maestro de todo eso, es el que más lo hizo y el que más lo hace.

Es un curte que algún día espero no hacer más pero del que tampoco reniego. Vos imaginate que tenés que salir con un tenedor a la guerra, solo. Y te pasa de todo. Hay veces que sos Madonna y otras… es más bravo.