Una mujer justa y precisa

La mujer justa, novela del húngaro Sandor Marai, llegó al Teatro Circular dirigida por Cecilia Baranda. Un triángulo amoroso en la Segunda Guerra Mundial es contado con actuaciones precisas y "chiquitas" con estilo cinematográfico. “Cualquier cosa que distrajera al texto, distraía la trama", dijo Baranda.

Actualizado: 18 de junio de 2011 —  Por: Camila de los Santos

Una mujer justa y precisa

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Baranda llegó de casualidad a La mujer justa. Mientras buscaba textos para hacer una obra, el director teatral, Jorge Curi, le acercó el libro para que "vichara" algún monólogo.

Pero no quiso hacer uno solo. “A mi me gustaría hacer la versión de esto, no elegir un monólogo, me parece que cada personaje es de una riqueza enorme”, recordó Cecilia Baranda en entrevista con 180.

Baranda es actriz, directora, dramaturga y docente de la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático). También actuó en la película La demora de Rodrigo Plá.

Sobre su nueva obra, dijo que prefirió mezclarlo, versionarlo y encontrar así los puntos de encuentro y desencuentro de los personajes. En Barcelona hay una versión teatral de este libro pero está basada en los tres monólogos de los tres personajes.

Ante un texto tan leído, la directora confesó su temor sobre la imagen que desarrolla cada lector en su imaginación sobre todo en un texto con “imágenes de muchísima fuerza”. Baranda llevó los relatos de la novela original a monólogos interiores convirtiéndolos en recuerdos o pensamientos de los propios personajes.

Ubicada en Hungría en la Segunda Guerra Mundial, el asedio a Budapest rompió la identidad del pueblo y su cultura. Un triángulo amoroso pone al descubierto las grandes diferencias entre las clases sociales de esa época. “El burgués tiene que demostrar siempre quién es. El aristócrata ya lo demostró en el momento de nacer”, dice una de las actrices.

“Por eso la historia de amor quiere ser y no es. Porque cada personaje parece que quisiera vivir la vida del otro”, resumió Baranda que dijo haberse fascinado con la idea de que los personajes se intenten robar entre ellos sus vidas. “Porque dentro de la condición humana es algo que está muy arraigado lamentablemente, lo de no estar conforme con tu propia vida y mirar en la del otro”.

Hay algo que diferencia este obra del resto: la actuación. “A los actores yo les pedí una actuación muy concreta, muy precisa y sin ninguna muletilla. Nosotros, los actores, le llamamos muletilla a todo lo exterior en lo que vos te apoyas. El ritmo de la versión es vertiginoso en el sentido de que son escenas muy cortas y se juega por todo el espacio de la sala que le da un ritmo casi cinematográfico. Para eso yo necesitaba que los actores tuvieran una forma de actuación como para cine donde los gestos son muy concretos y se te ve hasta la respiración. No necesitas marcar absolutamente nada”, resumió.

La explicación parece simple. “Cualquier cosa que distrajera al texto, distraía la trama. Entonces era fundamental que los actores jugaran en esa cosa precisa y chiquita para que el texto tomara la importancia que tiene y el espectador pudiera seguir a través de las imágenes”.

Sobre cómo fue trabajar este aspecto, la directora recordó que en los ensayos los actores le decían, “siento que no estoy haciendo nada”, a lo que ella les respondía, “yo te pido que no hagas nada, yo te pido que solo sientas, que interiormente estés apoyado en un sentimiento. Pero no lo muestres ese sentimiento, contenelo que eso se va a ver”. Ella les pedía que actuaran "chiquito".

“Chiquitito no quiere decir frío. Esa es la confusión de ellos. Al contrario, chiquitito es sostener y prenderte aún más del sentimiento interior que tenés".

La obra se exhibe en el Teatro Circular, los días viernes y sábados 21 horas y los domingos a las 19:30.