La sed primordial

“Escucho un fuelle que me asegura/ que ya es de noche y es noche oscura”. El tango de Melingo precede y sugiere la ubicación de la nueva obra de Pablo de Santis. Los Anticuarios es una novela de vampiros que se desarrolla en Buenos Aires, en los años ’50.

Actualizado: 02 de noviembre de 2010 —  Por: Miguel Ángel Dobrich

La sed primordial

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Por azar o destino, Santiago Lebrón se convierte en un inmortal que necesita beber sangre ajena. Los expertos, con cierto temor, suelen denominar a esos seres como “anticuarios”. Según dicen textos lejanos, los anticuarios viven rodeados de objetos del pasado, en viejas librerías o en casas de antigûedades; son coleccionistas que tienen una problemática relación con el presente y que, para sorpresa de los hombres, tienen la capacidad de evocar en los demás la figura y los gestos de personas que han muerto.

Tras haber edificado una novela perfecta, Pablo De Santis salta de género sin abandonar ideas y rasgos de personajes de El enigma de París. A partir de la desgracia y la potencilmente infinita aventura de un joven, el autor de La Traducción reflexiona sobre seres que han poblado múltiples relatos a lo largo de la historia: los vampiros. Los caídos de De Santis tienen rasgos diferentes a los que los han precedido: carecen de colmillos retráctiles, con dificultad pueden caminar en el día y los símbolos religiosos parecen no afectarlos.

Si se respeta la primera acepción de uno de los conceptos que se desfibra de monstrare, las criaturas que experimentan la adicción por la sangre son –literalmente- monstruos, ya que van en “contra del orden regular de la naturaleza”. No sólo por necesitar alimentarse de otros hombres, sino por la relación que tienen con el tiempo. Los anticuarios son la personificación de la nostalgia; se resisten al cambio, a pesar de que el tiempo es devenir (la inmortalidad estimula el hallazgo de constantes). Los inmortales que recorren el Buenos Aires de la ficción no seducen mujeres u hombres con facilidad, el rasgo que los hermana con Nosferatu, Drácula o las criaturas de Trouble Every Day de Claire Denis, es la sed primordial.

Los Anticuarios no es un policial y, sin embargo, invierte en enigmas. De Santis trabaja con orden para estimular la búsqueda del Orden (en caso de que exista), y traza textos de género para superar el género, para tratar problemas filosóficos, sin descuidar el goce que produce construir y consumir textos supuestamente “cerrados”. Los Anticuarios es una obra ágil e inteligente que, simultáneamente, es y no es todas las novelas de vampiros.

Los Anticuarios

Pablo De Santis

Planeta

266 páginas