"Fue terrible. Me asusté. Da miedo ver a alguien jugar así", dijo la argentina Gisela Dulko quien estaba enfrentando a Azarenka a las 11 de la mañana del miércoles, con 33 grados y 44% de humedad.
De repente la bielorrusa comenzó a moverse como si estuviera borracha. "Estaba pálida", contó Dulko. Cuando perdía 5-1 se desplomó contra el suelo. Minutos después abandonó la cancha en silla de ruedas. Según el parte médico la tenista sufrió una “ligera conmoción cerebral” y la organización dijo que “no parece una enfermedad relacionada con el calor” aunque esto no se lo cree casi nadie.
Es que la mayoría de los tenistas se quejaron del intenso calor con el que deben jugar el torneo. En el partido entre Novak Djokovic y Viktor Troiki hubo 43 grados de sensación térmica y el letón Ernests Gulbis terminó dolorido por las ampollas y las quemaduras del sol.
Djokovic declaró tras el juego que terminó “exhausto y con pánico”. Conceptos similares manifestaron el sueco Robin Soderling, el francés Gael Monfils y el chipriota Marcos Baghdatis por poner algunos ejemplos.
Más allá de las quejas no habrá cambios en el calendario de partidos.