Ciencia aplicada... por niños

El jueves y el viernes se realizó la feria departamental de clubes de ciencia donde niños y jóvenes presentaron sus trabajos en la Facultad de Ciencias. Desde los problemas de identidad de género, pasando por el arroyo Miguelte, la alimentación de mascotas o la falta de hábito de comer verduras, los niños aplicaron el método científico a un problema elegido por ellos.

Actualizado: 01 de setiembre de 2010 —  Por: Redacción 180

Ciencia aplicada... por niños

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Ronen Cesarkas y Federico Spatzner son dos alumnos de sexto de Primaria del Colegio Integral Hebreo Uruguay Ariel. Hicieron un alimentador de mascotas utilizando la robótica.

Federico, de 11 años, explicó a No Toquen Nada (Océano FM) la necesidad que lo motivó. “Un día me fui a Flores. Mi perro estaba muy enfermito y lo tuve que dejar con un vecino. Me costó mucho encontrar a alguien. Imaginate que te vas de viaje o estás enfermo en la cama y no tenés cómo darle de comer a tu mascota. Entonces se nos ocurrió hacer un alimentador de mascota”, contó.

El aparato tiene un sensor de luz que detecta cuándo es de día y de noche. Además, dispone de un soporte y un dispensador que llega al plato, a través de una puerta corrediza. “Se abre por seis milésimas y vuelve a cerrar”, dijo Ronen, de 10 años. “Estamos muy satisfechos con lo que hicimos porque para el tiempo que nos llevó, lo logramos. Llegamos a esto que nos enorgullece mucho y ya hubo mucha gente que nos ha dicho que cuando seamos grandes, nos los van a comprar”, agregó sonriente.

Si bien la dinámica de los clubes de ciencia es de educación no formal, los niños y jóvenes de la feria de Montevideo pertenecen a instituciones educativas formales: Escuelas 8, 240, 85, 319, 84 y Colegios Elbio Fernández, Pedro Poveda, Sagrada Familia, Horacio Quiroga y el Integral Hebreo Uruguay Ariel, Liceo 15, el C.N.R. y Asociación Civil Antarkos.

Rodrigo Beeguer, de 11 años, y Analía Silva, de 12, son alumnos de sexto de la escuela pública 85. No Toquen Nada estuvo con ellos a principios de año en la presentación de las gigantografías de educación sexual de Primaria porque estaban trabajando el tema de género en la escuela. El viernes recibieron una mención especial en la categoría Cardenal Social.

Durante el año formaron un Club de Ciencias e investigaron la situación de discriminación de género en su escuela. Comenzaron realizando una encuesta. “Hicimos una pregunta: ¿los niños pueden jugar a las muñecas? Un 80% nos dijo que no. Ahí vimos que había discriminación de género. ¿Por qué un niño no puede jugar a las muñecas?”, preguntó Rodrigo.

“En realidad ellos aprenden que los varones juegan a ‘esto’ y si no juegan a ‘esto’ son homosexuales porque hacen cosas de nena”, agregó Analía. En el caso de las niñas también pasa, dijo. “Pero es menor porque hay una mayor presión hacia los varones para que sean masculinos que hacia las mujeres para que sean femeninas”, explicó.

Por una parte, para una niña es más fácil jugar a un juego de varones que a un varón jugar con las niñas. Pero a la hora de la integración, es más fácil para un varón integrarse porque las niñas suelen aceptarlo.

“Si un varón se une a un juego de niñas no pasa mucho, pero si una niña se une a un juego de varones, los varones se enojan, se insultan, si no juegan bien las empujan o le dicen algo que no está bien”, contó Rodrigo y estuvo de acuerdo con que las niñas son más tolerantes. “Las nenas se educan en el estereotipo que les dice que tienen que ser frágiles, débiles, sensibles y ceden… Entonces, no es raro que cedan. Pero los varones aprenden a que tienen que ser fuertes, rudos, poderosos. Entonces, muestran eso para responder a su estereotipo”, complementó Analía.

Luego de este estudio, los niños planean una campaña de sensibilización para padres, familias, maestros y niños.

Los clubes de ciencia son importantes no sólo por los resultados sino por el proceso educativo que implican. La investigación supone: toma de decisiones, definición de un tema, de preguntas, plantear un problema y el alcance de la investigación, elegir un tipo de diseño, seleccionar las herramientas y estrategias de recolección y análisis de la información.

El Miguelete

De la misma escuela 85, otro grupo de niños estudió la situación del arroyo Miguelete. Claudio Lacuesta y Melissa Cristóbal tienen 12 años y explicaron su descubrimiento sobre vida en el Miguelete. “Hicimos un protocolo para sacar muestras: guantes de latex, tapabocas, gafas protectoras. También para conservar los especímenes: un 70% de alcohol y un 30% de agua. Lo que hicimos fue venir a la Facultad de Ciencias y observarlas con el biólogo Rafael Arocena. Lo bueno de esto es que leímos esto en un texto de Geo Juvenil –que junto a la Intendencia Municipal de Montevideo e investiga los cursos de agua- y en 2003 no se había encontrado ningún espécimen. Entonces, declararon al Miguelete como un curso de agua muerto”, dijo Claudio.

Melissa compartió el descubrimiento. “Podemos concluir que el arroyo Miguelete no es un arroyo muerto. Encontramos cuatro taxones y la Hyalella Curvispina que es un pequeño animalito que se le dice curvispina porque tiene el cuerpo curvo. Después encontramos crustáceos decápodos –porque tienen 10 patas- y después encontramos dos tipos de gasterópodos, que son caracoles (uno físido porque tiene el caparazón como en un cono y otro planórbido porque tiene el espiral plano). Hay otras partes del arroyo que puede ser que estén más contaminadas que la nuestra. En la zona que nosotros fuimos había dos colectores que filtraban la mugre y no dejaban que pase para nuestro lado. Se acumulaba la mugre del otro lado, entonces eso podría influir”, agregó Melissa.

La investigación de los niños confirma los datos anunciados por la Intendencia en 2009. El gobierno departamental encontró tres taxones en el Miguelete y los niños encontraron cuatro este año.

El Club de Ciencias es un espacio donde los niños y jóvenes realizan una investigación apoyados por un orientador. Está coordinado por el Programa de Popularización de la Cultura Científica de la Dirección de Innovación, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo del MEC.

También participó la escuela 240 que trabaja con niños con dificultad de aprendizaje, con retardo mental o con complicaciones físicas. Mirella Martínez y Luciana García son dos de esas niñas. Ellas hablaron de su proyecto de huerta hidropónica para resolver un problema de la escuela.

“Los niños de la escuela no comían los vegetales, los dejaban en un costado. A la cocinera no les gustaba porque cocinaba para que nosotros nos sintiéramos bien con la comida. Quisimos ver qué solución podía haber para que ellos coman todo. Preparamos la huerta con lechuga, albahaca y todo eso lo hacemos en la ensalada. Le preguntamos a la cocinera si ellos tiran la verdura que hacemos nosotros y no tiran nada, la comen toda”, explicaron.

Informe de la perdista Florencia Melgar, de No Toquen Nada (Océano FM)