Fernando Santullo Barrio

Saltos

Solo en el pasado mes de julio, 5 jóvenes murieron en las islas Baleares intentando saltar desde el balcón de su habitación a la piscina o intentando alcanzar al balcón vecino. Más de 30 han resultado heridos en similares circunstancias en ese mismo periodo. La prensa ha lanzado su alerta y los hoteles han intentado acotar el problema elevando el nivel de las barandas. Pero los jóvenes trepan y vuelven a caer.

Actualizado: 26 de agosto de 2010 —  Por: Fernando Santullo Barrio

En “Cara Quemada”, la novela debut del escocés Alan Warner, editada por Ediciones B y que leí allá por el 2000, la joven protagonista pasaba una semana de vacaciones en Ibiza donde tomaba toda clase de drogas y alcoholes y tenia sexo con quien pasara por delante. El disparador de su viaje era el suicidio de su novio, quien se había cortado el cuello con un cuchillo de cocina una madrugada cercana a Navidad. Morvern, así se llamaba la chica, trabajaba de cajera en un supermercado y viajaba a Ibiza para silenciar sus propios miedos y horrores. Como era joven y escocesa, su periplo estaba narrado como si odiara dar cada paso que daba, como si le importara una mierda su novio degollado y cada uno de los intercambiables jóvenes que se tiraba mientras su cara se iba quemando al sol. Pese a su tono duro, similar al de Irvine Welsh, el libro retrataba con buen ojo cierta sensibilidad (o ausencia de esta) imperante entre los jóvenes de clase media baja de los países europeos más desarrollados: cierto desamparo que se trasviste en hastío y violencia hacia los otros y hacia uno mismo.

“Llegan bebidos o drogados y continúan la juerga en la habitación. Si los pillas, te dicen que han perdido las llaves, pero la mayoría de las veces es que intentan saltar a la habitación de las chicas, o piensan que pueden llegar hasta la piscina", declaraba a la prensa local el recepcionista de un hotel de Mallorca. En las Baleares hay de media un accidente cada dos días por esta causa, según estimaciones de la prensa local.

Según Maria Alos, doctora de la Urgencia del Hospital Son Dureta de Mallorca, se trata “ya un fenómeno sociológico, ligado a una franja de edad determinada, en la que la prudencia o el sentido del miedo es menor”. Con ella coincide la responsable del servicio de Urgencias del Hospital Can Misses de Ibiza, María Àngeles Leciñena, quien cree que “son personas que de por sí tienen un bajo sentido del riesgo, fomentado por un contexto de consumo de alcohol y varias drogas”. Y con ellas coincide buena parte de la prensa y columnistas en España: la culpa la tienen la (inconsciencia de la) edad, el alcohol y las drogas. Y es verdad, en casi todos los casos se han encontrado restos de al menos un par de drogas y alcohol en la sangre de las jóvenes victimas. El problema es que seguramente se encuentre la misma proporción de alcohol y drogas en casi todos los jóvenes que se fueron de marcha una noche cualquiera. Y que no saltaron.

Quizá una de las claves la proporcionaba (sin saberlo, seguro) el presidente de la Federación Hotelera de Ibiza, Juan José Riera, cuando decía en una entrevista “jóvenes que saltan balcones los ha habido siempre y no es que ahora haya más, sino que ahora se le da más publicidad al grabarlo en vídeo y emitirlo”.

La mayor parte de los jóvenes anglosajones que vacacionan en las islas Baleares y en las Canarias suelen tener el perfil social de la protagonista de “Cara Quemada”: clase media baja, trabajos anodinos en su país de origen, cierto poder económico (al menos respecto a los precios españoles) y el deseo de ser visibles, al menos durante esas dos semanas de ocio estival.

Quizá la clave esté en ese desesperado intento de ser visible, celebre y estelar por un instante: el instante en que su video alcance las X mil visitas en Youtube. Especialmente cuando se vive en una sociedad que considera el estatus de celebridad como un fin en si mismo y la vez condena a los jóvenes (y no tanto) a vivir de forma ajustada y gris con un empleo sin futuro, estabilidad ni interés. O peor aun, que pese a haber terminado una carrera, tener un master y hablar un par de lenguas, el empleo siga siendo el mismo que si no se hubiera estudiado nada.

Por supuesto, es un salto muy grande, tanto como el de balcón a balcón, pasar de las motivaciones individuales, la edad y el consumo de drogas como explicación, a buscarla en la dinámica laboral y vital de los jóvenes en los países pos industriales. Y esta columna no alcanza para tanto. Pero si tengo la sensación de que mientras se sigan explicando los problemas por los síntomas y no por sus causas, los jóvenes seguirán saltando en las Baleares, en busca de ese instante final que los vuelva famosos. Aunque después, como antes, venga la nada.



Las opiniones vertidas en las columnas son responsabilidad de los autores y no reflejan necesariamente posiciones del Portal 180.